jueves, 5 de junio de 2008

El problema de las cooperativas truchas

Tuve oportunidad de recibir un artículo de Eduardo Fontela llamado “Seudo Cooperativas. Cooperativas que son pura apariencia.” Fontela habla de las entidades que en su práctica cotidiana muestran una separación y una gran brecha entre el pensamiento y la acción cooperativa. Sostiene:

“Cuando este criterio de identidad suele ser desconocido, ignorado y/o violado, nos encontramos que se denominan o dicen llamarse cooperativas de trabajo a formas de organización de tipo horizontal, asambleas populares, asociaciones barriales, muy alejadas de los valores, principios y mecanismos organizacionales que orientan su accionar.
Más grave aún son las que se constituyen sólo por algunas conveniencias impositivas o para evadir obligaciones de la previsión social, siendo utilizadas como herramientas de flexibilidad laboral por parte de la patronal para redoblar la explotación sobre los obreros, mediante engaños, enmascarando fraudulentamente una relación laboral de dependencia.”

Sin negar esta realidad, en lo que me gustaría entrar en diálogo con Fontela es en el “Que hacemos al respecto”. Fontela hace hincapié en el control y la denuncia. Un control que el propone especializado y preventivo.

“Aunque son cuantitativamente pocas, su funcionamiento se debe denunciar y sancionar con todo el rigor de la ley.
Para ello, es imprescindible mejorar desde el Estado la fiscalización y el control con especificidad para garantizar la autenticidad de las entidades registradas.
Paralelamente se deben intensificar y perfeccionar los instrumentos de la sindicatura y de la auditoria externa, (…)
Asimismo se debe evitar la injerencia en la fiscalización del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social. (…)
Proponemos una fiscalización especializada y con identidad cooperativa, realizada desde el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) y en convenio con los órganos locales competentes provinciales, porque el fraude no es sobre la documentación requerida y/o en el cumplimiento de los requisitos administrativos-contables, por el contrario, en los aspectos formales suelen ser muy prolijos y cuidadosos. (…)
El fraude constituye una violación indirecta de la ley, no según su contenido literal, sino según su espíritu.”

Sin oponerme a la propuesta de Fontela quisiera agregarle un matiz que considero fundamental, hacer hincapié en otro aspecto que pienso prioritario. La defensa del trabajo asociativo y autogestionado es la defensa de un sistema que prioriza la apropiación del esfuerzo del trabajador por parte del trabajador. Teniendo esto como premisa y teniendo esto como modelo ideal es que vamos a promover la existencia de cooperativas de trabajo. Como organizaciones en donde los trabajadores son dueños del resultado de su trabajo y pueden alcanzar los beneficios por el generado.

Es por esto que mi propuesta se basa en una estrategia de DEFENSA mas que de denuncia, de defensa del trabajador asociado en tanto sujeto de derechos. A mi modo de ver las mismas leyes que estas personas utilizan para encubrir una verdadera relación de patronal / empleado son las que tienen que permitir que el “empleado seudo socio” se convierta en socio efectivo, haga valer sus derechos y logre el control de la empresa. Su propia trampa es la que los tiene que hacer caer.

¿Cómo logramos esto? Facilitando la denuncia por parte de los trabajadores de situaciones irregulares y ofreciendo asesoramiento y herramientas concretas para que puedan ejercer sus derechos. Brindando educación a los asociados para que comprendan el sistema cooperativo y entiendan que puede ser un aliado suyo, no un enemigo.

Tarea difícil si las hay, y lo digo por experiencia, por haberme encontrado en la situación de ser consultada por personas que trabajan en una cooperativa. Algunos entienden la herramienta que tienen a mano y de la que pueden disponer, otros sólo quieren tener un patrón y que lo sea con todas las de la ley. Ninguno está equivocado o en lo cierto. Son opciones. Una de las bases de una cooperación genuina es la “asociación voluntaria” y si no hay voluntad de autogestión, si lo que el trabajador busca es una patronal, no vamos a tener cooperativistas que puedan transformar la cooperativa “trucha” en una genuina. La cooperación no se puede imponer, entonces sólo nos queda obligar a que dejen de usar un nombre que no les corresponde.